
Una multitud acompañó al féretro al cementerio de Sevilla y silbó al verdugo, llegado de Madrid
Un hondo alarido de piedad se escuchó ayer entre el público que rodeaba el edificio de la cárcel de Sevilla cuando fue izada la bandera negra. Significaba el fin de la vida de Antonio Gómez Rivera, ‘El Herrero’, ejecutado en el patíbulo por asesinar, junto a otros dos cómplices, a dos guardias civiles en el tren mixto de Dos Hermanas a Jerez.



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